lunes, 11 de agosto de 2014

De nuevo esa estupidez



El tiempo no para ante nada ni ante nadie. Incesante, continuo, imparable y cruel. Se me eriza el cabello y un escalofrío recorre mi espalda tan solo de pensar que en apenas un segundo nuestras vidas pueden cambiar, para bien o para mal. El tiempo nos hace sus esclavos en el mismo instante de nacer, y estamos condenados a servirle fieles o morir de desesperación en el intento. El tiempo es relativo: hay segundos que pueden durar años y años que duran apenas unos minutos. Sin embargo, sigue corriendo constante a pesar de nuestras interpretaciones interferidas por emociones.

Ha pasado mucho tiempo. Tu recuerdo sigue quemando. Tus brasas parecen extinguirse pero al más mínimo soplo tus lenguas de fuego alcanzan metros por encima de mi cabeza alumbrando todo a mí alrededor y me lames con tu calor hiriente. Sigo estando quemado de los pies a la cabeza y no hay bálsamo que me alivie, excepto uno. Siempre supe que en algún momento volverías a casa, a tu hogar. Era algo fijo, predecible e innegable. Aun así mi mente creó un entorno donde tú nunca volvías, un plano temporal en el cual no contestabas a mi provocación porque no habías regresado y tampoco me felicitabas porque habías perdido u olvidado mi número de teléfono. Siempre alzaba la vista para contemplar tu ventana entrecerrada y comprobar que no habías vuelto y que mi paranoia se cumplía. Fui un completo estúpido.

Hoy he vuelto a pasar bajo tu ventana, he alzado la vista y tu ventana seguía entrecerrada. Pero había algo diferente y me propuse mirar detenidamente tu edificio con tan mala suerte que comprobé algo que mi mente había estado negando todo el tiempo: Había pasado meses enteros mirando a la ventana equivocada. He estado mucho tiempo construyendo un mundo en el que tú no existías en la ecuación y no había peligro ni riesgo de volver a encontrarte y, tal vez, había una extraña esperanza de que respondieras a mi provocación. En tan solo un segundo todo eso cambió por un hecho tan simple como evidente.

Ahora sonrío de pura vergüenza al pensar que fui un imbécil que miró la ventana errónea durante demasiado tiempo. Mi fantasía ha durado demasiado tiempo. Esta pena, este pesar, esta angustia está durando demasiado tiempo.


Hoy he despertado para volver a caer, a las pocas horas, en mi mundo oscuro de negación. Hoy he vuelto a escuchar tu voz aunque tú jamás lo sepas, o tal vez lo imagines. Quién sabe. Puede que te hayas dado cuenta, puede que siga siendo un niño que no aprende. Puede que jamás despierte de esta pesadilla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario