martes, 26 de enero de 2016

El cochero



Era un día soleado, de esos en los que no se vislumbra una sola nube en el cielo. Apenas corría una suave brisa que mecía las hojas de los árboles. Se encontraban al borde de un camino de tierra, apoyados contras unas piedras de tamaño considerable. Al poco pasó por allí un coche de caballos cuyo cochero azuzaba con su látigo al cansado animal mientras tiraba del pesado cargamento cuesta arriba por el sendero.  

-¿Sabes lo que pasa cuando un caballo tira durante horas de un carro lleno de piedras? Se cansa, se agota y al final cae entre un estruendo atroz contra el suelo.
-Pero ¿Y el cochero? ¿Por qué no quita peso para que pueda avanzar?
-Esa, querido amigo, es la gran pregunta. El caballo, por mucho peso que le carguen, siempre intentará llevarlo hacia delante. No le importará lo más mínimo. Aun cuando el cochero le cargue más piedras sin que se dé cuenta
-¿Pero no es peor así? Quiero decir, si el caballo se cansa no puede llegar a su destino a tiempo ¡Tal vez ni llegue vivo!
-Exacto, pero el cochero no siente la carga del animal. Todos somos un poco como él ¿Sabes? A veces nos dedicamos a poner peso cuando lo que debemos hacer es todo lo contrario. ¿Crees que el cochero no quiere al caballo? Podría ser, pero date cuenta que es su único medio de transporte. Su medio para conseguir su objetivo, su meta.
-Mmm… No lo entiendo
-Ni él tampoco. Lo hace por instinto. Es muy difícil aliviar la carga. Requiere paciencia, dedicación y empeño. Es mucho más fácil sentarse a esperar a ver hasta donde aguanta el animal.
-¿Y si muere?
-Llorará la pérdida, sin duda. O al menos lo lamentará durante un tiempo. Pero volverá a comprar otro caballo, quizás más fuerte que el anterior, y volverá a caer en el mismo error
-Eso suena cruel…

-Puede. Pero somos así. A veces nos toca ser caballos y aguantar hasta desfallecer, y otras ser cochero. Lo importante es saber cuándo se es uno y cuando el otro y actuar en consecuencia. Nunca sabes cuándo estarás tirando del carro de otra persona hasta desfallecer o huir despavorido, cansado de hacer todo el trabajo para que al final solo encuentres piedras y más piedras. 

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