miércoles, 17 de septiembre de 2014

De nuevo yo



Es curioso como en tan poco tiempo todo puede cambiar. Ahora soy incapaz de pasar de las fotos de Semana Santa, que son pocas, porque hay algo que me aterra en esas fotografías cargadas de recuerdos. Es increíble como un conjunto de píxeles ordenados dan color y forma a unos retratos en dos dimensiones tan cargados de contenido como carentes de sentido. La vida es sencillamente mágica, aunque no siempre en el buen sentido de la palabra.

Hoy no quiero escribir. He empezado seis veces y he borrado cada cosa que realmente quería escribir, transmitir. Pero hoy, más que nunca, me ha surgido la gran duda: ¿Para quién escribo? ¿Para mí…o para ti? ¿Es una excusa más que uso para seguir con el barro hasta el cuello? ¿De verdad quiero salir a limpiarme o realmente quiero que me trague el lodo hasta asfixiarme y morir? La idea de la muerte no se ve tan mal, creo: sufrimientos, pesares, llantos, angustias, penas, lágrimas, dolores…todo se esfuma en unos instantes. También se van los buenos momentos como la alegría y la felicidad, pero cuando estás en ciertos estados emocionales llega el punto inflexivo en que ves que esas emociones pasan de largo por delante de tus narices. La gente sonríe y se autoproclama feliz, aunque tengo mis serias dudas con respecto a eso. Cada vez hay más escasez de cariño y de amor en este planeta cargado hasta el tope de seres, que no humanos, que juegan a la ruleta con los sentimientos ajenos. Hay que vivir más para uno mismo y no inmiscuirse en las vidas ajenas para cambiarlas según el parecer propio. No tienes por qué estar equivocado, tal vez tu consejo sea sincero y bueno y hasta puede que lleves razón, pero las personas aprendemos a base de palos, duros golpes que pasan rápido pero que quedan impresos para ayudarte a mantenerte a flote. Y la muerte es el golpe final, la enseñanza última.

A estas alturas ya sabéis que soy el primer gran falso de este lugar, el primero en fingir hasta la última sonrisa, hasta la más inesperada. Finjo ser otra persona, otra versión de mí, más bien. Las sonrisas sinceras desaparecieron, los abrazos son recolectores efímeros de un anhelado cariño del que tanta escasez hay, mis ojos hace tiempo dejaron de humedecerse por felicidad. Escribo textos a fantasmas nocturnos sin sentido ni razón a sabiendas de que jamás serán leídos, pues ni los fantasmas leen ni existen en nuestro mundo.

¿Cuánto he de esperar a que la esperanza, la ilusión, las ganas de vivir vuelvan a anidar en mi pelo sucio de tanta tristeza y putrefacción de mi alma? ¿Volveré a sentir deseos fogosos de besar unos labios tiernos de mujer que con un solo roce me transmita más que cualquier otra cosa en este universo? ¿Seré capaz de amar de nuevo, de sentir esas ganas de gastar hasta el último aliento con una persona que con una mirada y una caricia me devuelva la vida?


¿Volveré a ser yo?

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